Época colonial · Siglo XVIII

Los Pasadizos de Chapingo

Texcoco, Estado de México Zona lacustre de Texcoco 3 min de lectura
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Leyenda completa

El relato

Bajo los terrenos viejos de Chapingo se habla de túneles que comunicaban capillas, haciendas y refugios donde alguna vez circularon mercancías, mensajes y gente que no quería ser vista. Los curiosos que han bajado por huecos o sótanos describen la misma sensación: una corriente helada que sube desde abajo y el sonido de botas viejas avanzando sobre piedra húmeda, aunque ningún cuerpo se deje encontrar al seguir el eco.

La leyenda asegura que esos pasos nunca quedaron vacíos del todo. Algo sigue recorriéndolos con disciplina de guardia o hábito de costumbre, como si el subsuelo no hubiera aceptado el cierre de rutas. En Chapingo se aconseja no llamar a quien camina allá abajo. Hay lugares donde la historia continúa moviéndose incluso después de que la superficie declara terminado el tránsito.

No faltan relatos de obreros que, al abrir una zanja o reparar una pared antigua, se encontraron con un arco cegado por ladrillos distintos a los del resto de la construcción. Algunas veces se tapó de inmediato; otras, la curiosidad ganó y alguien asomó la lámpara hacia el interior. Casi siempre ocurría lo mismo: la llama vacilaba, el aire se volvía extrañamente frío y, desde el fondo, llegaba un ruido de pasos demasiado rítmicos para ser simple goteo. Nadie bajó lo suficiente como para decir con certeza que había visto a alguien.

La fuerza de esta leyenda está en que no promete tesoros ni apariciones grandilocuentes. Promete continuidad. Abajo sigue andando algo que arriba se dio por concluido. En Texcoco esa idea encuentra tierra fértil: el subsuelo conserva más cosas de las que la superficie admite. Por eso los pasadizos de Chapingo inquietan tanto. No por lo que muestran, sino por lo que sugieren: que hay trayectos históricos, obediencias y secretos que no se quedaron en el pasado, sino que continúan haciendo guardia en la oscuridad.

Memoria oral

Origen del relato

Los Pasadizos de Chapingo son parte de un género muy extendido en la imaginación popular sobre edificios históricos: el de los túneles que conectan construcciones separadas por distancias considerables y que sirvieron para el movimiento clandestino de personas, mercancías o secretos. En el caso de Chapingo, los relatos hablan de pasajes que comunicaban la hacienda colonial con iglesias, refugios y depósitos en las propiedades vecinas. Lo que distingue a la leyenda de Chapingo del rumor común sobre túneles es el detalle acústico: quienes han entrado a los sótanos del edificio histórico en ciertas horas describen corrientes de aire frío y el sonido de botas sobre piedra que no coincide con el movimiento de nadie visible. Las botas no se acercan ni se alejan; simplemente siguen un ritmo que suena como patrulla o como hábito.

Territorio

Territorio y atmósfera

La Universidad Autónoma Chapingo ocupa los terrenos de una hacienda colonial de considerable extensión, con construcciones que abarcan desde el periodo virreinal hasta el porfiriato. El edificio principal, con sus murales de Diego Rivera y su arquitectura de ladrillo y piedra, tiene un subsuelo de ventilación y depósito que no está completamente explorado y que conserva zonas de humedad y oscuridad propias de las construcciones de varios siglos de edad. El suelo arcilloso de la zona, que se mueve con las variaciones de humedad, puede producir ruidos estructurales que el edificio viejo amplifica de maneras no siempre predecibles. En ese contexto, un sonido que no encuentra explicación inmediata tiene terreno fértil para convertirse en relato.

Lectura cultural

Lectura cultural

Los Pasadizos de Chapingo hablan de la historia que los edificios guardan más allá de lo que sus archivos documentan. Los túneles, reales o imaginados, son el símbolo de lo que no circuló por los canales oficiales: el refugio, la huida, el contrabando, la conspiración. Al imaginar que esas circulaciones clandestinas dejaron presencias acústicas que siguen en movimiento, la leyenda afirma que las instituciones no tienen control completo sobre la historia que ocurrió en sus muros. Las botas que suenan en el subsuelo son la historia no escrita del lugar, y siguen caminando precisamente porque nadie las ha catalogado ni archivado todavía.

Fuentes